
Es inevitable preguntarse constantemente si determinadas cosas merecen la pena.
¿Merece la pena que lo pasemos mal por ellas?; ¿merece la pena que ocupen nuestros pensamientos y el 98% de las ocasiones sea de forma negativa?; ¿merece la pena seguir con esto?. Pensamientos así viajan diariamente por nuestro cerebro -y por nuestro corazón-.
Es fácil decir lo que se debería hacer, pero no lo es cumplirlo. Hay algo que nos ata a quedarnos estancados donde estamos; ¿quizá miedo?, ¿quizá esperanza?; lo cierto es que aquí estuvimos y aquí nos volvemos a encontrar.
- El hombre suele tropezar dos veces con la misma piedra. (o tres, o cuatro...)
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